Fondenex pide su recuperación ambiental y que no se abra una nueva cantera
La Sierra Carija se sitúa entre la ciudad de Mérida y el embalse romano de Proserpina, formando parte del paisaje de la ciudad desde hace 2000 años. Por su naturaleza geológica, calizas, por su situación geográfica en la cuenca del Guadiana, junto con su poca elevación, tiene una importancia excepcional para la flora y vegetación de Extremadura.
Los enclaves calizos son raros en Extremadura, donde predominan las pizarras, cuarcitas y granitos, como en la mayor parte de la mitad occidental de Iberia, y junto con sus características bioclimáticas, condicionan su vegetación, consistente en bosquetes abiertos de acebuches con plantas muy valiosas como el narciso lusitano ( Narcissus fernandesii), que sólo se encuentra en los raros enclaves calizos extremeños y está en la categoría de especies amenazadas en el catálogo de la Junta de Extremadura.
Pero desde el punto de vista botánico, lo que más sorprende es la rica comunidad de orquídeas, 14 especies de las 35 que se pueden encontrar en Extremadura, entre ellas tres en la categoría de amenazadas: Ophrys apifera, Ophrys fusca y Orchis papilionacea.
El Cerro Carija tiene, pues, dos funciones biogeográficas importantes: por una parte, sirve de refugio, actuando como una isla ecológica, a las especies calcícolas, y por otra, actúa de avanzadilla para especies que proceden de tierras del sur y que penetran en el valle del Guadiana, pero no pasando de aquí, como el lirio azul de invierno o la zamacuca.
Pero si la flora es sobresaliente, la fauna de sierra Carija no le va muy a la zaga: más de 150 especies de vertebrados entre anfibios, reptiles, mamíferos y aves, tienen este enclave como lugar de reproducción, campeo o alimentación. A destacar el sapo partero ibérico, cuya distribución mundial se reduce a las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana; el eslizón ibérico, endemismo de la península; el elanio azul, una de las rapaces más escasas de España y el gato montés, un mamífero en franca regresión.
La antigua cantera respondía a una concesión minera otorgada al amparo de la Ley 22/1973 de 21 de julio de Minas. Esta cantera lleva inactiva más de 10 años, y como es público y notorio no se realizan labores extractivas ni actividad industrial alguna desde entonces; tampoco se han realizado los trabajos de restauración ambiental que eran obligatorios.
Lo sorprendente es que la Administración no haya promovido expediente de caducidad ni exigido la restauración del espacio degradado, eliminando todos los vestigios de actividad industrial. Esto es un claro incumplimiento de la citada Ley de Minas, que establece que la caducidad de las concesiones se declarará cuando no se realicen los trabajos exigidos o se interrumpan las labores, cuando no se presente la memoria anual o no se abonen los cánones correspondientes. FONDENEX cree que la Dirección General de Industria, Energía y Minas de la Junta de Extremadura tendría que aclarar esta situación, amén de derivarse posibles responsabilidades.
Por otro lado, no consta que la actividad industrial haya tenido nunca Licencia de Apertura o de Uso, estando actualmente abandonadas las instalaciones y en franco deterioro sus elementos. La ausencia de requerimientos municipales para que se eliminen los abandonados elementos e instalaciones es preocupante.
El escenario y su entorno han cambiado notablemente estos últimos años, y tener la esperanza de reiniciar cualquier actividad industrial o ampliar los actuales frentes de cantera, significaría una seria agresión contra la flora y fauna de este enclave natural y su impacto visual sería irreversible, además de un peligro para las actividades de las personas, pues estaría cercana al principal nudo de comunicaciones de la región: autovías A66 y A5, la carretera de Montijo, y junto a uno de las más concurridas áreas de servicio de Extremadura que incluye una gasolinera, sin que la distancia permita márgenes reales de seguridad.
El nuevo PGM de la ciudad debería recoger de forma expresa la eliminación de cualquier vestigio industrial y exigir la reversión del espacio, naturalizando la cantera existente y eliminando cualquier posibilidad de actuación industrial en ese entorno.
No queremos pensar que un mal planteamiento urbanístico, o una dejación de funciones de cualquiera de las administraciones implicadas, provoque de manera soterrada que sea posible revertir la situación actual, que es de clara inactividad desde hace más de una década, y vuelvan a desarrollarse actividades industriales en la SIERRA de CARIJA

