FONDENEX y otras asociaciones vienen denunciando la relación causa-efecto entre las plantaciones de pinos y los incendios de nuestros montes.
Más del 75% de los fuegos forestales que asolan España se producen en pinares y eucaliptales.
Aparte de ser masas uniformes, con árboles muy próximos y el suelo llenos de acículas (pinos) y filodios (eucaliptos), las dos especies tienen compuestos altamente inflamables y combustibles, lo que hace que una vez que se inicia el incendio, las posibilidades de extinguirlo son prácticamente nulas.
Es una evidencia probada, con datos oficiales del Ministerio de Agricultura, que menos del 20% de lo que se quema son encinares, alcornocales, robledales, etc…
Dice la Presidenta de la Junta de Extremadura que se repoblará un 20% de lo que fueron plantaciones de pinos por otras especies. Es una buena noticia, pero insuficiente. Todo el territorio quemado debería ser reforestado con especies autóctonas, alternando con dehesas, pastizales, etc… La uniformidad de las plantaciones forestales debería prohibirse.
Pinares y eucaliptales tienen un fin económico, alejado de la conservación de nuestros paisajes, de nuestra flora y nuestra fauna, causantes no sólo de incendios que amenazan a poblaciones y propiedades, sino que son causa de erosión y desertificación.
FONDENEX anima a la Junta de Extremadura a sustituir todos los terrenos quemados donde existían pinos y eucaliptos por encinas, alcornoques, robles, quejigos, madroños, etc… Sólo un 20% no soluciona el problema de los incendios. Repoblar de nuevo con pinos, es echar gasolina al fuego.