De las muchas personas sobresalientes que he tenido la suerte y el honor de conocer en mi vida, una de las que más me impactó e influyó fue el Prof. Dr. Enrique Cerdá Olmedo. Y el grupo de eminentes científicos con los que me relacioné era para escribir una biografía de cada uno de ellos: Prof. Dr. González Bernáldez, ecólogo de prestigio mundial; Prof. Dr. Valverde, alma de Doñana y uno de nuestros zoólogos más reconocidos; los insignes botánicos Rivas Martínez, Ladero, Castroviejo y Pérez Chiscano; los profesores Bernis y Fernández Cruz, padres de nuestra ornitología; etc… La relación sería larguísima, y nombro sólo a los ya fallecidos.
¿Quién era el profesor Cerdá? Pues ante todo una persona cercana, amable, educada, entrañable… y que llamó poderosamente mi atención desde el primer día que le conocí.
Contacté con él a través de mi querido amigo, también fallecido, profesor de la Universidad de Extremadura, Francisco Carbajo Molinero, que estudió biología en Sevilla y que tuvo como profesor al Dr. Cerdá.
Era 1978, y unos cuantos amigos fundamos ADENEX, entre ellos Paco Carbajo y yo. A mí me nombraron secretario general, y desde el minuto uno nos declaramos antinucleares: la CNA estaba en construcción y se pretendía construir otra planta atómica en Valdecaballeros, nada menos que en la cabecera de los regadíos del Plan Badajoz. La mayoría éramos estudiantes y teníamos poco peso frente a los prepotentes “ingenieros” de Hidroeléctrica, Sevillana, etc…
Y entonces surgió el Prof. Cerdá. Enrique Cerdá Olmedo era Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, Doctor Ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y Ph. D. por la Universidad de Stanford. Fundó en 1969 el Departamento de Genética de la Universidad de Sevilla, siendo su Catedrático desde 1972. Investigador del Instituto Tecnológico de California. Miembro de la Organización Europea de Biología Molecular. Obtuvo dos patentes en los Estados Unidos y una a nivel mundial. Premio Nacional de Genética, Premio Jaime I de Investigación Científica, Premio Alexander von Humboldt, etcétera…
Cuando le llamamos por primera vez para un debate a celebrar en Badajoz sobre la CNV en 1979 (al que no acudieron los técnicos pronucleares), no lo dudó, y allí se presentó, con una especie de “guayabera” y sandalias. Todo un catedrático. Acostumbrados a ver los que pululaban por aquí… enchaquetados y encorbatados…
Su exposición fue magistral. Con grandes bases científicas, pero tan didáctica y amena que nos enteramos hasta los que no nos gustaba la genética (a partir de este día… me enganché a ella y leí todo lo que pasaba por mis manos).
Seguimos en contacto y en 1985 volvió a prestarnos su ayuda. Otra conferencia excepcional en el salón de actos de la Caja de Ahorros de Cáceres, lleno a rebosar, sobre el “Los efectos de las radiaciones ionizantes sobre los seres vivos”. Aplausos sin parar. Faltó decirle “torero”, “torero”…
Nunca se desvinculó de nuestro grupo antinuclear, y siempre estuvo presto a colaborar. Y si no podía, nos mandaba al Dr. Lucas del Castillo, un miembro de su equipo, un tipo también realmente entrañable y fiel reflejo de su “jefe”.
En 2026 saldrá a la luz mi libro “La energía nuclear en Extremadura: historia de un despropósito”. Me hubiera gustado que el prólogo hubiera sido del Prof. Cerdá. Y aunque nos haya dejado, lo será. Le pedí una colaboración para la revista JARA (Cuadernos sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales en Extremadura), y como no, accedió. Mandó un artículo titulado “Los sacamantecas y las centrales nucleares”. Realmente genial. Y va a ser el prólogo del libro. Ninguno mejor. Y el dibujo que lo encabeza era de su hija.
Prof. Cerdá: los que le estimamos y admiramos le agradecemos su ayuda y su colaboración con las posturas antinucleares. Era difícil encontrar un científico de su prestigio que se posicionara tan claramente. Fue un inmenso placer conocerle y aprender de Vd.
Francisco R. Blanco Coronado
Médico Ginecólogo
Presidente de FONDENEX