En distintas carreteras de Extremadura, tanto la Junta como la Diputación de Badajoz están fumigando las cunetas con GLIFOSATO, para acabar con la vegetación que crece en las mismas, en concreto en decenas de kilómetros de la sierra de San Pedro y en La Serena, incluso en áreas ZEPAs. Después de la utilización del herbicida, la imagen que queda es dantesca, como si Atila hubiera pasado con su caballo, que dice la leyenda que por donde pasaba no crecía la hierba.
El glifosato se diseñó para acabar con hierbas y arbustos, especialmente los perennes. Su uso está generalizado en todo el mundo, pero es cada vez más cuestionado desde un punto de vista toxicológico y de impacto sobre los hábitats naturales.
Desde 2015 la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo tiene clasificado como “probable carcinógeno”, y debido a ello distintos países han pedido que se prohíba su uso, como Francia, Italia y Alemania, dentro de la UE. En California (EEUU) se incluyó este producto en 2017 en su lista oficial de productos cancerígenos.

Orquídea Ophrys tenthredinifera. FOTO FONDENEX
El glifosato está envuelto en una gran polémica a nivel mundial, ya que hay estudios contradictorios sobre sus efectos sobre la salud de las personas, pues también podría producir disfunciones endocrinas y neurológicas. Pero hay un dato que no se puede olvidar: las ventas anuales de este producto alcanzan los 3.000 millones de dólares. Por eso no es de extrañar que en dos ocasiones la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (USEPA) encontrara científicos falsificando deliberadamente los resultados de las pruebas realizadas en los laboratorios de investigación contratados por el fabricante para estudiar los efectos del producto.
En 2019, un estudio argentino llegó a la conclusión de efectos lesivos del glifosato sobre el sapo grande (Rhinella arenarum) y el pez nativo madrecita de agua (Cnesterodon decemmaculatus), un ciprínido de los río de Argentina, Brasil y Uruguay, lo que significa que este producto químico al pasar al agua, afecta, que se sepa, a anfibios y peces.
Las cunetas de las carreteras de Extremadura y sus márgenes no son terrenos yermos, sin vida, sino que albergan una comunidad faunística y florística en nada despreciable, integrada por invertebrados, anfibios, reptiles, mamíferos y aves, que utilizan estos espacios como refugios, zonas de alimentación e incluso crianza. La flora llega a ser muy interesante y valiosa, como comunidades de orquídeas y, por ejemplo, en La Serena, Cynara cardinculus, que se usa para cuajar el queso de esta comarca y del Casar.
La fumigación de estos espacios los destruye totalmente, perdiéndose toda la vida vegetal y animal, quedando los suelos expuestos a la erosión y la escorrentía, y lo más importante, para la salud de las personas, pasando el glifosato a los cursos de agua de los que después se abastecen pueblos y ciudades.

FOTO FONDENEX
La vegetación de las cunetas se puede controlar, cuando sea necesario, que no siempre lo es, con métodos mecánicos y manuales, sin necesidad de ocasionar desastres ecológicos y atentar contra la salud de los extremeños, y si se hace antes de primavera, con efectos nulos sobre flora y fauna.
Ante los estudios contradictorios existentes a nivel mundial, muchos de ellos con conflictos de intereses claros y dependientes económicamente de la industria química, ¿no deberían la Junta de Extremadura y la Diputación de Badajoz abstenerse de su utilización hasta que los organismos internacionales lleguen a un acuerdo definitivo? ¿Habrá que recordar el caso de la talidomida, medicamento autorizado, para no volver a ver miles de niños deformes?

FOTO FONDENEX
FONDENEX se ha dirigido tanto a la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura como a la Diputación de Badajoz para que cesen las fumigaciones de las cunetas con glifosato, y también de los olivares, otro espacio machacado por este compuesto.
FONDENEX (Fondo para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Extremadura)
fondenex@hotmail.com