EL ABEJARUCO Y LA ABEJA MELÍFERA

Foto M. Calderón (FONDENEX)

El abejaruco (Merops apiaster Linnaeus 1758) es un ave del orden Coraciformes y de la familia Meropidae, especies normalmente muy coloridas, casi exclusivas del Viejo Mundo. Los merópidos (Meropidae) son una familia que comprende a los abejarucos, especializados en comer insectos voladores, particularmente himenópteros, orden en el que se encuentra la abeja melífera (Apis mellifera, Linnaeus, 1758).

El abejaruco goza de protección legal en España y en toda la Unión Europea, lo que prohíbe explícitamente su caza, captura, persecución o la destrucción de sus nidos. A pesar del histórico conflicto que mantiene con el sector de la apicultura debido a su dieta insectívora, la ley prioriza de forma estricta su conservación. Aunque diferentes colectivos agrarios y apícolas demandan con frecuencia una flexibilización de las leyes o un control de población debido a la presión que ejercen sobre las colmenas, organismos ambientales recuerdan firmemente que atentar contra este ave vulnera la legislación vigente y las directrices de la Política Agraria Común (PAC).

Para conciliar la apicultura con su preservación, el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) propone únicamente medidas preventivas de coexistencia, tales como: instalar redes plásticas o mallas de sombreo en los apiarios, colocar abrevaderos con agua junto a las colmenas para evitar que las abejas salgan a buscarla lejos o desplazar o reubicar temporalmente los colmenares durante las épocas de mayor migración (finales de verano).

Sin embargo y a pesar de la protección legal, algunas organizaciones agrarias de Castilla-León y Extremadura han acusado a estas preciosas aves de arruinar los colmenares, y no han desaprovechado la ocasión (como siempre), para pedir indemnizaciones por daños y controles de población de abejarucos, es decir, darles caza.

Ante esta alarma y la desfachatez de intentar eliminar o reducir la población de estas aves protegidas (Directiva de Aves 2009/147/CE, convenios internacionales de Berna y Bonn, Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, Real Decreto 139/20) el abejaruco está expresamente incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.

Impacto que ejerce Apis mellifera en el medio ambiente

Esta especie, que no es autóctona, sino de origen africano, se caracteriza por ser sumamente generalista (utiliza una gran variedad plantas para la obtención recursos alimenticios, polen y néctar). Por tanto, utiliza los mismos recursos y compite con otras abejas nativas. Esta capacidad competitiva de la abeja melífera la consigue gracias a su organización social que constituye un superorganismo (eusocialidad). La interacción con otros polinizadores la ejercen las obreras que a partir del día 22 de su nacimiento se dedican al forrajeo para la obtención de néctar y polen.

Otro factor de impacto es el traslado de las colmenas para alcanzar las áreas más ricas en floración. En este sentido el uso de los mismos recursos tróficos que las abejas silvestres aumenta la probabilidad de transmisión de patógenos y enfermedades. Las grandes cantidades de néctar y polen consumidas por las melíferas reducen la disponibilidad para otras especies. Son muchos los trabajos que ponen de manifiesto la competencia por los recursos tróficos, tanto por solapamiento de los mismos o por la disminución de las visitas de otras abejas.

En las colmenas de la abeja melífera viven distintos microrganismos, algunos beneficiosos, pero otros son parásitos, patógenos y virus (Anderson et al.,2011). En este aspecto hay que remarcar que la presencia de esta abeja en altas densidades puede ser responsable de la introducción y dispersión del cambio de dinámica de los parásitos nativos, aumentando la existencia de enfermedades en las abejas silvestres.

La abeja melífera puede tener efectos sobre el éxito reproductivo de las plantas a través de los mecanismos relacionados con el proceso de polinización. El comportamiento de la abeja melífera puede favorecer la geitonogamia (polinización en la que el polen se transfiere desde la antera de una flor hasta el estigma de otra flor distinta, pero ubicada en la misma planta) en especies autocompatibles y la dicogamia (mecanismo biológico en las plantas con flores hermafroditas donde los órganos sexuales masculinos y femeninos no maduran a la vez), y por tanto facilita el robo de polen.

Por otra parte, esta especie es un polinizador poco eficiente, en comparación con otros polinizadores nativos para muchas especies de plantas. La poca eficiencia polinizadora de la melífera es debida a la estructura especializada en el tercer par de patas (la corbícula) para el transporte de polen en gran cantidad en forma de pelotas (Michener, 2007). Por tanto, este polen no está disponible para la polinización, quedando sólo disponibles los granos retenidos en los pelos del cuerpo. Esta abeja tiene una tasa de visita a flores (número de flores por minuto visitadas) y una tasa de contacto con el estigma dos veces menor que nuestra abeja autóctona, Osmia cornuta (Monzón et al. 2004). Aunque la abeja melífera polinice una planta, su éxito reproductivo puede verse afectado indirectamente al desplazar polinizadores nativos más eficientes como resultado de la competencia por recursos, como se ha demostrado en diferentes estudios de varios autores de prestigio.

El robo de polen ocurre cuando una especie animal recolecta polen de varias flores sin que haya transferencia del mismo a los estigmas. La planta afectada tiene menos probabilidades de formar semillas. El robo de polen es un proceso asociado principalmente a la abeja melífera, que ha demostrado tener efectos negativos sobre la reproducción de las plantas.

La abeja melífera presenta el comportamiento de constancia floral. Es decir, que tienden a visitar varias flores de un individuo o de una inflorescencia, más que visitar distintos individuos (Paton1997; England et al. 2001; Dupont et al. 2004), lo que reduciría el intercambio genético.

El manejo de las colmenas de abeja melífera por el servicio de polinización consiste en una saturación de los cultivos (Garibaldi etal. 2017). Como resultado, una parte de las forrajeras van a visitar especies de plantas en áreas aledañas a los cultivos, durante o después de su floración, con consecuencias importantes sobre las comunidades de plantas y polinizadores y sus interacciones(Geslin et al. 2017;Magrach et al. 2017).

En este contexto de impacto ambiental, nos parece que el control de la abeja melífera por sus depredadores es fundamental, con el fin de controlar el exceso de obreras forrajeras.


Manuel Martín Alzás
Biólogo. Profesor de Biología. Vicepresidente de FONDENEX (Fondo para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Extremadura)

 

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