La Consejería de Agricultura autoriza, después de casi 50 años, una repoblación de eucaliptos, nada más y nada menos que dentro del geoparque de Villuercas.
Con fecha de 11 de junio, el DOE (Diario Oficial de Extremadura) publica una resolución de 2 de junio de la Dirección General de Sostenibilidad por la que autoriza la plantación de más de 100.000 eucaliptos y 40.000 pinos en casi 150 has. en el término de Alía (Cáceres).
Después de que el ICONA arrasara en la década de los 70 decenas de miles de hectáreas en Extremadura, arrancando millones de encinas, alcornoques, quejigos, madroños, etc… y destruyendo valiosos parajes naturales de Monfragüe, sierra de San Pedro, sierra de Gata, Hurdes, Villuercas, etc… parecía que las «repoblaciones» con estas especies foráneas habían terminado. Pues no. Volvemos a los nefastos tiempos del ICONA y su destrucción del patrimonio natural extremeño.
Lo aprobado no tiene sentido alguno ni explicación científica, y sólo oscuros intereses económicos lo pueden justificar. Ni eucaliptos ni pinos son especies autóctonas de Extremadura, no protegen los suelos frente a la erosión, ni a nuestra fauna ni a nuestra flora, y como reconoce la propia resolución de la Consejería de Agricultura, son masas forestales muy proclives a incendios.
Querer justificar la plantación de los eucaliptos como lucha contra el cambio climático por su capacidad para absorber CO₂ es una gran falacia. Una ha. de eucalipto puede fijar entre 29 y 43 toneladas de CO₂ al año, y una ha. de encinar unas seis toneladas, pero debajo de los eucaliptos no crece ni hierba ni nada, y debajo de las encinas, abundante pasto que fija gran cantidad de CO₂, y ello sin contar con la labor de madroñeras, durillos, cornicabras, majuelos, etc… Si es por fijar CO₂, que la Junta de Extremadura plante en nuestros campos cañas de azúcar: fijan 50 toneladas.
El eucalipto es un árbol que no sólo no evita la erosión, sino que la favorece; en sus ramas no anidan ni los «pájaros bobos»; acaban con todas las aguas subterráneas; arden como la yesca y son enemigos también de las especies cinegéticas, tanto de caza mayor como menor.
Esta actuación de la Junta de Extremadura, y en concreto de la Consejería de Agricultura, es el culmen de la gestión nefasta que está haciendo de nuestro patrimonio natural: dividen competencias entre dos consejerías; quiere reducir la superficie de las ZEPAs; colabora en la reducción de protección de especies como el lince ibérico; autoriza cambio de cultivos en humedales por plantaciones de olivos; intenta que se cace especies como el meloncillo; se inhibe en el gran problema de los cebos envenenados; tiene abandonados nuestros parques naturales y reservas… Todo más que suficiente para destituir a la Consejera de Agricultura y a su director general de Sostenibilidad, dos personajes que hacen que el ICONA fuera un organismo benéfico y protector.
FONDENEX anima a la sociedad extremeña, a los habitantes de Villuercas, a los partidos políticos, a protestar contra esta tropelía. Están «enseñando la patita». Si esto no se corta ahora, empezaremos a ver plantaciones de eucaliptos y pinos por todos nuestros campos y sierras, que junto con las placas solares, arruinarán nuestro paisaje y el mundo rural. No es una broma.
Y si vergonzosa e inclasificable es la postura de la Junta, lo es por igual la de las asociaciones «ecologistas» consultadas sobre este proyecto, como Adenex, SEO o Ecologistas en Acción, que no se personaron en el periodo de información pública, sin presentar alegaciones. FONDENEX, por cuestiones obvias… no fue consultada.
Anexo
EL EUCALIPTO
Descripción
Los árboles del género Eucaliptus, perteneciente a la familia Mirtácea, comprenden varias especies autóctonas de la región australiana, que desde un punto de vista biogeográfico abarca Australia y Tasmania. En esta región forman los llamados “bosques sin sombra”, con una vegetación de sotobosque que por un largo proceso de selección natural (siglos o milenios) ha sido capaz de convivir con los eucaliptos. Desde su región de origen fueron difundidos artificialmente por todo el mundo, llegando a Europa las primeras semillas de este árbol en 1804.
Son árboles de crecimiento muy rápido y existen incluso variedades de crecimiento ultrarrápido. La madera del eucalipto es dura, resistente y homogénea, lo que hace que sea muy codiciada por la industria papelera.
En un sentido amplio, los bosques australianos son muy similares a los nuestros, es decir, a los esclerófilos mediterráneos, desde un punto de vista fisionómico y de grado de vegetación. Por esta razón, los eucaliptos se han adaptado muy bien a nuestra zona fitoclimática. Debido a esta adaptabilidad, a la falta absoluta de enemigos naturales y a su rápido crecimiento, es una especie apropiada para un aumento impresionante de árboles, aunque su utilidad se vea limitada a la producción de pasta de celulosa y a la obtención de algunas esencias.
EFECTOS DEL EUCALIPTO SOBRE EL MEDIO AMBIENTE
Durante años asistimos con estupefacción a la transformación de laderas de sierras y hasta tierras llanas de cultivos en monótonas plantaciones de estos árboles. Jarales, brezales, madroñales y bosques fueron descuajados para su sustitución por eucaliptos. Desde el punto de vista científico, un verdadero disparate.
Extremadura está formada en su mayor parte por un sustrato geológico silíceo, lo que significa que en lo concerniente a la flora es pobre si la comparamos con la España caliza. Pero dentro de esta pobreza, alberga plantas muy interesantes como por ejemplo el Loro (Prunus lusitanica), que es una reliquia superviviente del Terciario. En algunos valles montanos y en las laderas de algunas de nuestras sierras aún existen turberas de esfagnos, testigos de climas pasados más húmedos y fríos. Estos dos ejemplos pueden bastar para calificar como importante nuestra vegetación.
Las hojas del eucalipto no son verdaderas hojas y sólo se les puede aplicar este nombre cuando son jóvenes. Los filodios, que es su nombre apropiado, son duros y de un aspecto plastificado. Esta dureza viene dada por su elevado contenido en lignina, que al descomponerse produce compuestos de naturaleza ácida. La acidificación del suelo es un factor negativo para el desarrollo de la vida vegetal (desaparece hasta el 46% de las especies naturales) y de los minúsculos seres que viven enterrados a poca profundidad, a los que se denomina fauna edáfica, y cuya actividad es completamente necesaria para descomponer la materia orgánica que se desprende del árbol, enriqueciendo el terreno con los productos de esta descomposición.
Además, el eucalipto también es rico en compuestos terpénicos entre los que destaca el eucaliptol, producto antiséptico que aniquila los minúsculos representantes de la fauna que vive en el suelo. De esta manera, éste queda esterilizado y se vuelve incapaz de descomponer la materia orgánica que cae sobre él. Ésta tenía una doble función: proporcionaba riqueza en sustancias nutritivas y protegía al suelo frente a la erosión. Pero no solamente el eucalipto impide el aporte de nutrientes, sino que los pocos que quedan se los lleva, comportándose como una especie totalmente egoísta.
El rápido crecimiento del eucalipto se debe a su impresionante sistema de raíces, que se extienden por todo el terreno de la plantación e incluso por las fincas colindantes. De esta manera el terreno sobre el que se asienta el eucaliptal y los que lo circundan sufren un importante bombeo de agua y sustancias minerales que lo agotan y desecan.
La protección que el eucalipto presta al suelo frente a la lluvia es nula. Debido a que impide el crecimiento de la vegetación, y al quedarse el suelo sin hierba ni arbustos, queda expuesto al arrastre por las aguas de lluvia y escorrentería, ya que sus falsas hojas, los filodios, crecen en un plano vertical y no horizontal, como por ejemplo las de la encina. Por esta razón, las gotas de lluvia llegan al suelo con toda su fuerza, acabando por desintegrar su cohesión y disgregando gran cantidad de material que posteriormente es arrastrado por el agua. Una buena parte del suelo, protegido y conservado por la vegetación natural, se pierde en las plantaciones de eucaliptos. Por otra parte, estos árboles son evapotranspiradores de primera fila, y por eso prosperan mejor en la orilla de los ríos, embalses, charcas, etcétera.
Resumiendo: los eucaliptos son esquilmantes y prácticamente ningún vegetal prospera junto a ellos. No sólo no protegen frente a la erosión, sino que contribuyen a ella y agotan fuentes y pozos impidiendo el aporte de nutrientes orgánicos, dejando los suelos esquilmados.
EFECTOS SOBRE LA FAUNA
En primer lugar, para “repoblar” con eucaliptos en una zona que no los había y que estaba cubierta por vegetación natural (bosque y matorral mediterráneos) lo primero que hay que hacer es destruir y arrancar encinas, alcornoques, madroños, quejigos, brezos, ahulagas, jaras, romeros, etcétera. “Repoblar” no es un término adecuado, ya que antes de proceder a hacerlo con eucaliptos, en el terreno existía una notable comunidad vegetal de cientos de especies autóctonas.
Una plantación de eucaliptos lleva consigo una alarmante disminución de insectos y con ello, de sus predadores insectívoros. Las causas son evidentes: al eliminar los troncos viejos, disminuir la humedad ambiental, homogeinizar los biotopos, impedir el desarrollo de parásitos, eliminar gran parte de las especies de polinización entomófila, etcétera, las poblaciones de insectos disminuyen y por ende disminuyen también las aves que se alimentan de ellos así como los micromamíferos que tienen insectos en su dieta.
También se ven afectados otros animales, como el lince ibérico, el águila imperial, el buitre negro y un numeroso grupo de aves rapaces y medianos y grandes mamíferos que pierden la protección que les brindaba la vegetación natural, que ya no encuentran emplazamientos adecuados para sus nidos o que ven como sus presas habituales desaparecen por falta de alimento.
¿POR QUÉ SE PLANTABAN EUCALIPTOS?
Sólo había una razón que justificase la plantación de eucaliptos y era de tipo económico. Los eucaliptos empobrecían el suelo, pero enriquecían a técnicos forestales, empresas de maquinaria pesada y fábricas de celulosa. Las mal llamadas repoblaciones de eucaliptos producían dinero a corto plazo, pero como contrapartida, dejaban el suelo arruinado para siempre. Y curiosamente era el ICONA (Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza) el gran impulsor de las plantaciones de eucaliptos.
Pero tampoco la economía del eucalipto se correspondía con la realidad. En Extremadura se plantaron unas 250.000 hectáreas con esta especie desde principios de la década de los setenta del siglo pasado. En principio, todo era perfecto: representantes de la empresa Celulosa de Extremadura recorrían las fincas y, avalados por ICONA, ofrecían contratos que garantizaban un rendimiento de entre 700 y 800 pesetas por hectárea y año a los propietarios. El ICONA se encargaba del arranque de la vegetación natural (encinares, alcornocales, matorral mediterráneo), de la plantación de los eucaliptos y de su tala periódica, con lo que resarcía, con la venta de la madera, los gastos ocasionados.
Pero la fábrica de celulosa que se iba a instalar en Mérida, no se construyó por la gran oposición de diversos sectores de la sociedad extremeña, con las Comunidades de Regantes al frente, ni tampoco se ubicó en Navalmoral de la Mata, que era la segunda alternativa.
Los contratos firmados por Celulosa de Extremadura con los propietarios, fueron rescindidos a mitad de los años ochenta y estos se encontraron con plantaciones de eucaliptos de las que debían dinero a ICONA y este instituto oficial, con una madera cuyos precios cayeron en picado. En 1978, un estéreo (metro cúbico) de estos árboles valía 1.000 pesetas; en 1992, 400. Era tal la debacle económica que no merecía la pena talar los árboles para celulosa y se empezaron a cortar para fabricar carbón.
En un magnífico artículo publicado en el Diario HOY el 19 de abril de 1992, firmado por Pablo Sánchez, se podía leer: “Un propietario tipo que plantó una finca de 200 hectáreas hace diez años, debe hoy al ICONA alrededor de 12 millones de pesetas por los gastos de repoblación y todavía no ha recibido ni una peseta”. Otro propietario, Diego Godoy, afirmaba, “según mis cálculos, ni en cien años, con una tala cada diez años, podré pagar al ICONA los gastos de la plantación. En los diez años que tengo puestos lo eucaliptos no he cobrado ni un duro y he dejado de ganar lo que podría haber obtenido con alcornoques, ganado o cultivos agrícolas. Ha sido una ruina completa”. Otro dueño de una finca de 600 hectáreas cercana a Mérida echaba las mismas cuentas, pero multiplicando por tres las deudas y los incovenientes.
FONDENEX
Fondo para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Extremadura
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