Hasta el más tonto sabe que, en los municipios donde se instalan los grandes parques fotovoltaicos, hay un impacto económico más que positivo: el dinero llueve dentro de las arcas municipales y acaba despilfarrándose porque ya no se sabe ni qué hacer con él. No hacen falta algoritmos muy avanzados ni resolver inescudriñables conjeturas matemáticas para averiguar eso, señora Fabra.
Tampoco hay que ser un lumbreras en estadística y matemáticas para desvelar que, durante la fase de construcción, aumenta el empleo en la localidad donde se construyen los parques, e incluso en los municipios próximos.
Sobre el impacto en el territorio, según me cuenta la IA, el 56 % de las tierras de las dehesas extremeñas están en manos de no residentes. Así que poco dinero real se queda en el municipio: se va todo a las ciudades donde emigraron los propietarios hace décadas.
Pero lo más inaudito —y sin duda la UNEF, aparte de pagar el estudio, debería darle un premio como el que recibió Iberdrola en el parque de las ovejas bombero— es que, en sus conclusiones, nos diga que aumenta la población significativamente. Cierto es que incluso en su estudio habla de pírricos aumentos poblacionales, pero de verdad, ni eso: la fotovoltaica está generando una catástrofe demográfica desde el momento en que se acaban las obras, no compensada ni por la billetera llena de las arcas municipales donde se implantan.
Si toma datos de Alcázar de San Juan (como ha hecho), uno de los pocos pueblos de España en los que ha aumentado la población desde los años 90, a lo mejor extrae esas conclusiones. Vayamos a la realidad, y como insigne economista que es, usted me entiende.
Si toma los datos de Bienvenida, donde está la mayor planta fotovoltaica de Europa, o los datos de Cedillo, con nada menos que 500 MW de paneles fotovoltaicos en las inmediaciones, verá que hasta el más tonto puede entender que no subió la población ni durante la fase de construcción. Estamos hablando de pequeños pueblos con enormes inversiones, y ni ahí ha subido la población. Revise su estudio, señora Fabra. Cierto es que ni siquiera se lo han publicado: es un simple informe, pero, así y todo, debe revisarse.
Le dejo las gráficas: son metodológicamente simples pero contundentes.
Ahora usted entra en REDEIA. No lo critico, pero, por favor, recapacitemos un poco.
Santos Lozano Palomeque.
Ingeniero Técnico Industrial.